La propuesta era pensar un problema/práctica común entre gente muy diferente. Lo que se llamó en algún momento “una idea ampliada de la mediación”. Pensar juntos algo que pudiese hablar a cada cual en su lugar (un centro social o cultural, un interés teórico, etc.). Pero no un problema/práctica perfectamente acotado y delimitado del que ya tengamos un saber que transmitir, sino un terreno por explorar. Confiando en las resonancias más que en la identidad o semejanza de nuestras experiencias.
¿Cómo valoramos esto? ¿Hemos hablado de lo mismo o sólo creíamos estar haciéndolo? ¿Este planteamiento tan abierto e indefinido nos ha ayudado a encontrarnos o nos ha perdido?
La palabra “mediación”, ¿nos sirve o nos confunde? ¿Es un territorio común o está demasiado cargada de presupuestos? ¿Con ella podemos nombrar prácticas tan distintas como la mediación cultural o la mediación en conflictos? ¿Hay otra palabra que podría sernos más útil? ¿O quizá debemos usar varias palabras, cada una para una práctica específica? En las sesiones hay quien usaba espontáneamente la palabra (Tabacalera, por ejemplo) y quien usaba otras (dinalización o facilitación) que sin embargo parecían referirse a la misma “operación” que tratamos de pensar.
Escogimos un horario de mañana, aún sabiendo que a mucha gente le imposibilitaria asistir, con la idea de que ayudaría a propiciar un ambiente más de trabajo y de conversación que de conferencia/preguntas. ¿Ha sido así, merece la pena? ¿Qué nos ha permitido hacer el horario de mañana que no hubiéramos podido hacer por la tarde en un horario más accesible para muchos?
A los mediadores culturales en concreto, ¿este planteamiento tan general (donde caben experiencias tan distintas) les ha servido para pensar su trabajo?
¿Qué otros enfoques, experiencias y temas nos faltan por tratar (espacio y mediación, tecnología y mediación, etc.)?
¿Cómo podríamos comunicar y compartir lo que hemos ido pensando a lo largo de los días?
Mesas de debate organizadas por Medialab-Prado, en colaboración con Amador Fernández-Savater.
4, 11 y 25 de noviembre; 16 de diciembre; más en enero-febrero. La asistencia es libre, te agradecemos que nos envíes tu nombre, email y breve exposición de motivación y expectativas a mediacion[arroba]medialab-prado.es. Disponemos también de una lista de correo a la que te puedes suscribir para estar al tanto de novedades en el programa y participar de la discusión online.
Presentación, por Amador Fernández-Savater
Periódicos, partidos políticos, museos… Lo vemos todos los días y ya es hasta un lugar común: los intermediarios clásicos están en crisis. Hoy lo lejano se ha vuelto cercano, se queman distancias que fundaban jerarquías, muchos pueden hacer lo que antes era monopolio de unos pocos. Por todas partes crece la sensación de que hay un desacople esencial entre las formas de vida y las instituciones que organizan la vida colectiva. Se trata de un fenómeno complejo, en el cruce de distintos desplazamientos y transformaciones: la irrupción de la Red, la hegemonía del mercado o las nuevas prácticas de autoorganización social. Pero en absoluto marginal. Sólo como dato: el 73% de los españoles afirma en una encuesta reciente estar de acuerdo con el movimiento 15-M cuyos eslóganes centrales son “no nos representan” y “lo llaman democracia y no lo es”.
Enciclopedias colaborativas, asambleas y acampadas, instituciones experimentales y abiertas… Nuevos espacios e instituciones piensan y ensayan otros modos de gestionar los bienes y los recursos, producir y distribuir los saberes, tomar la palabra y las decisiones, organizar la misma vida en común. Pero los problemas recién empiezan. La misma multiplicidad (de voces, de sujetos, de temas) que ha hecho estallar los viejos modelos verticales abriendo así lo posible puede expresarse también como fragmentación e inestabilidad, interferencia entre distintos lenguajes, choque y hostilidad. Esa ambivalencia está en el corazón de nuestra experiencia del presente.
Por tanto se abre lo posible, se dan nuevas condiciones para experimentar otras formas de estar juntos y hacer cosas juntos. Pero al mismo tiempo nada está dado y cualquier cosa hay que reinventarla una y otra vez. Vemos agrietarse muchos de los intermediarios que dividen y despotencian lo representado. Pero de ahí no se generan automáticamente mundos habitables y participables, abiertos e incluyentes, de todos y de nadie. La mediación, como práctica (horizontal) de acogida y conexión, acompañamiento y facilitación, escucha y traducción, producción de sentido y convivencia, se vuelve hoy un desafío que nos requiere con muchísima urgencia.
Medialab-Prado (MLP) se propone como un laboratorio abierto a cualquiera, más allá de su disciplina, sus títulos y sus posibilidades de implicación; un laboratorio pensado especialmente para el encuentro, la colaboración y el intercambio; un laboratorio donde hacer experimentos con los saberes libres del ansia por la legitimación; un laboratorio donde quepa la vida, los cuerpos y los afectos, el valor de lo informal y de la cercanía, la fiesta…
Pero para que esto sea posible es fundamental todo un trabajo de mediación. ¿Qué significa esto?
Existe en MLP desde sus inicios un programa de mediación y un equipo cambiante de personas que desde experiencias muy diversas han desempeñado esta función “mediadora”. Los mediadores trabajan en la superficie de contacto: la línea dentro/fuera, la zona de intercambio con el exterior de MLP. Cuidan de que sea porosa y atravesable, pero también firme y segura. En concreto, acogen al visitante, entablan con él una conversación, relatan lo que ocurre en MLP, atienden el espacio, ponen en relación a personas con personas, a personas con proyectos, etc. A veces poco visible y desde luego complejo, el trabajo del equipo de mediadores habilita y sostiene un entramado, un entorno, un ambiente de cooperación que hoy por hoy define a MLP.
El traslado de MLP al espacio de La Serrería impondrá nuevos desafíos. MLP estará más expuesto que nunca a fuerzas favorables y desfavorables. El destino se juega en buena medida en la superficie de contacto. De ahí que la apuesta por la mediación sea central. La idea es que el programa y el equipo de mediación tenga aún más riqueza y diversidad de funciones, más presencia y relevancia en la vida cotidiana de La Serrería. Pero en última instancia, las prácticas de mediación no se circunscriben a un grupo determinado, sino que depende de todo y de todos (máquinas, herramientas, espacios, lenguajes, comunidad) que un espacio sea reapropiable por sus usuarios.
Nuestro objetivo con estas jornadas es seguir pensando en qué consiste el trabajo de mediación, sin circunscribirnos necesariamente al contexto de los centros culturales. Es decir, compartir reflexiones y experiencias con todo aquel que se pregunte cómo mediar sin intermediar, cómo acompañar sin dirigir, cómo facilitar sin simplificar, en definitiva, cómo fabricar mundos comunes en condiciones de altísima complejidad y heterogeneidad social.
Entre noviembre y diciembre habrá cuatro sesiones. Continuaremos en enero.
Lectura colectiva y exposición de Marcos García y Laura Fernández (Medialab-Prado)
Medialab-Prado, Plaza de las Letras. C/ Alameda, 15 · 28014 Madrid (España), 10.00 h.
Asistencia libre
¿Qué es mediación? ¿Quién media? ¿Entre quién o qué? ¿Qué promueve? Os proponemos empezar estas jornadas leyendo un texto: “Los Justos. Ética de la inteligencia colectiva” del filósofo francés Pierre Levy. Se trata de una interpretación “laica” del relato bíblico de la destrucción de Sodoma y Gomorra. El texto contiene y plantea muchos de los interrogantes y las intuiciones que nos mueven a organizar estas jornadas para pensar la mediación. Leerlo juntos puede ser por tanto la mejor presentación, la mejor explicación de lo que se pretende y el mejor pórtico para lo que vendrá después. Al final de la sesión presentaremos brevemente el resto de sesiones del ciclo, y compartiremos también un balance de la experiencia de mediación en MLP.
Medialab-Prado, Plaza de las Letras. C/ Alameda, 15 · 28014 Madrid (España), 10.00 h.
Asistencia libre
Juan Gutiérrez fundó y dirigió un centro de investigaciones por la paz en Gernika (“Gernika gogoratuz” que significa recordando Gernika). Piensa la paz no sólo como ausencia de violencia, no sólo como acuerdo o componenda entre bandos en conflicto, sino como regeneración del lazo social, otra forma de convivencia entre diferentes, reconciliación. ¿Cómo puede aportar a todo ello un mediador? Según Juan Gutiérrez, un “tercero” no dice, ni impone, ni propone ni siquiera sugiere soluciones en un conflicto, sino que ayuda a la comprensión profunda mutua y a sopesar el realismo de los planteamientos, contribuye a que se genere confianza y propone procedimientos para la participación. ¿Cuál es el kit del mediador, existen técnicas apropiadas? ¿Cómo repensar el hecho del enfrentamiento y la figura del enemigo? ¿Hay una ética propia del mediador? ¿Qué hacer con la sentencia de Hegel según la cual “quien media detenta el poder”?
Medialab-Prado, Plaza de las Letras. C/ Alameda, 15 · 28014 Madrid (España), 10.00 h.
Asistencia libre
Santi Eraso dirigió durante dieciocho años el Centro de Cultura Contemporánea Arteleku (San Sebastián), dependiente de la Diputación de Guipuzkoa. Arteleku fue pionero en muchas cosas: concebirse a sí mismo como espacio de trabajo y experimentación, no sólo de exposición, como un espacio en tránsito y en obras más que como un lugar acabado y con protocolo fijo; buscar la conexión con proyectos e iniciativas críticas que problematizan radicalmente las formas de vida en común; dejarse atravesar alegremente por el nuevo desorden digital que confunde las formas establecidas de autoría, producción, consumo, propiedad e identidad; cuidar lo pequeño, lo micro, la capilaridad de los procesos y la participación como base real y afectiva de una cultura entendida más como experiencia que como entretenimiento. En los últimos años, Santi Eraso ha coordinado la propuesta de Donostia 2016 Capital Cultural (finalmente seleccionada) donde los ingredientes de Arteleku han convivido con el modelo cultural más espectacular no sin tensiones ni contradicciones. Santiago Eraso explicará su trabajo como mediador cultural en el contraste entre ambas experiencias.
Marina Garcés piensa desde hace años un único problema filosófico y político: en qué consiste, y cómo podemos hacer consistir, un mundo común. Un mundo común que no es de nadie, sino en el que estamos todos y todas las cosas implicadas; que no elegimos ni escogemos soberanamente, sino que nos precede y constituye; que ni siquiera es solamente humano, sino que incorpora el conjunto de lo sensible. Pero en el que, sin embargo, lo que más nos cuesta hoy por hoy es decir “nosotros” y donde la lógica propietaria ha privatizado no sólo bienes y recursos, sino nuestra mismísima relación con la realidad. En ese sentido, el pensamiento de Marina Garcés impele a la experiencia de la implicación: descubrirnos ya entrelazados e interdependientes; hundir las distancias que nos separan y dejarnos afectar por lo común; aprender a hacernos cargo de lo que nos ata a los demás y al mundo de la manera más colectiva y, por tanto, más transformadora posible. Marina Garcés es impulsora de Espai en Blanc, una apuesta colectiva de un grupo de personas que se proponen hacer de nuevo apasionante el pensamiento cruzándolo con una política que se hace desde la vida.
Medialab-Prado, Plaza de las Letras. C/ Alameda, 15 · 28014 Madrid (España), 10.00 h.
Asistencia libre
El Patio Maravillas, el CSA La Tabacalera, Cine sin Autor y Acampadasol son experiencias creativas, sociales y políticas muy diferentes, pero que han hecho de la apertura su identidad. Espacios de encuentros imprevistos, donde conocer a otros muchas veces a través del hacer; escuelas de conocimientos compartidos, fábricas de saberes y reciclaje; experiencias masivas de participación y política… ¿Qué dispositivos (de traducción, acogida, conexión, etc.) han puesto en marcha para abrir espacios de cualquiera, donde cualquiera puede participar? ¿Cómo han activado y cuidado entornos de cooperación, encuentro y vida colectiva? La apertura no sólo pone en contacto con energías afines, dispuestas y constructivas, sino que también hay que vérselas muchas veces con fuerzas de desconfiguración (de los entramados, de los proyectos, de las personas). ¿Cómo pensar los choques? ¿Puede la diferencia (de formas de vida, de niveles de implicación, de búsquedas) contribuir a lo común y no expresarse como puro conflicto, enemistad, obstáculo?